OBRA:

Obras 2015-2017

Secuencias

Armonia-Destrucción

Nucleos y Radiogeometrías

Pequeños sucesos

Dialogos con la materia

 

TEXTOS

BIOGRAFÍA

CONTACTO

 

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III

Hay en Luis Nieto una preocupación continuada por cómo intervenir en el espacio público. Hay una inclinación cívica, que es política, en las estribaciones de la acracia, que unifica su vida y que, como en muy pocas personas, no es una actitud impostada. Quiero notar que su acracia le ha ayudado a desconfiar de los dogmas teóricos y la práctica pictórica débil que provenía del realismo socialista y otros tantos ismos políticos cuya única intención era la de la sujeción y control psicológico del artista y de los espectadores. Haber nacido en la segunda mitad del siglo XX tiene la enorme ventaja de haber podido asistir como espectador al progresivo derrumbe de algunos mitos estéticos. Ese es el punto de partida de Luis Nieto: el convencimiento de que las consignas, ya sean políticas o artísticas, dictadas desde los aparatos burocráticos de los partidos o de las sociedades artísticas – sea cual sea el nombre que tengan — solo llevan a la impostura y a la esterilidad. El artista es una persona que ha de actuar por sí mismo, aunque ese sí mismo esté siempre en contacto con el nosotros de la sociedad. Por ello la pintura de Nieto es individual pero está volcada hacia la sociedad. Eso sí, que nadie espere que las líneas de transmisión sean simples, unívocas o banales. La reflexión es compleja, continua y arriesgada. Ni se conforma con los caminos ya transitados ni le interesa la simpleza.

IV

La exposición combina obras de un solo elemento y otras formadas por varios. La idea que subyace a todas ellas es la creación de secuencias. Esto es fácil de ver sobre todo en las que varias tablas forman una obra. Aun así, también aquellas que son individuales también forman una serie en un sentido. Llama la atención el interés geométrico que surge de sus cuadros. Superficies de tamaño medio de un blanco desvaído cruzadas por líneas de diversos grosores, donde el color está ausente en su casi totalidad. Son aquellas bajo el nombre genérico de orden. Las líneas están tamizadas por varias capas como si el artista quisiera esconder el origen y prefiriera que el espectador centre su atención en la superficie donde los elementos llegan después de una disolución de sus contornos. Son obras silenciosas, etéreas, que llaman a la quietud y a la contemplación. Hay en ellas también un movimiento sutil, como si algo estuviera surgiendo de lo profundo y acercándose al espectador. Forman una fase primera en la evolución última de su pintura y quizás por ello es en este grupo donde el color aparece con mayor frecuencia y variedad, pero siempre, repito, tamizado o apagado en la gran mayoría de los casos, como contraste al blanco básico que forma los cuadros. El poco color deja entrever una breve emoción ahora infrecuente en su pintura.




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